El pan con tomate nació en el siglo XIX como forma de aprovechar pan duro, y con el tiempo se convirtió en un símbolo de la gastronomía y tradición catalana.

El pan con tomate es uno de los símbolos más representativos de la gastronomía catalana. Lo que comenzó como una solución sencilla y algo humilde terminó convirtiéndose en una tradición culinaria.
El tomate llegó a Europa tras el descubrimiento de América en el siglo XVI, pero hasta siglos después no se popularizó en las cocinas. En Cataluña fue a finales del siglo XVIII y principios del XIX que los campesinos empezaron a utilizar el tomate ya maduro para ablandar el pan del día anterior.
Restregaban lo que era el tomate sobre una rebanada de pan y de ahí le añadían el aceite y la sal.
En esos momentos nada se desperdiciaba y el pan con tomate era una forma muy inteligente de aprovechar los ingredientes básicos que tenían todas las familias en sus casas.

Con el paso del tiempo, el pan con tomate dejó de ser una solución doméstica y pasó a ser parte de las comidas catalanas cotidianas, ya que en el siglo XX, con la migración del campo a la ciudad y el crecimiento de la ciudad de Barcelona, el plato se empezó a popularizar en bares y restaurantes.
Se convirtio en el acompañamiento ideal para embutidos, quesos, tortillas, carnes… Y hoy dia para muchos catalanes es impensable sentarse a comer en un restaurante o en casa y que no haya pan con tomate en la mesa.
Parece sencillo un pan con tomate, pero hay que seguir justo estos pasos para que sea el tradicional de toda la vida.
El tomate no se tritura ni se mezcla; se parte por la mitad y se frota directamente sobre el pan.

Esta comida se ha convertido en identidad. Representa el producto local y la tradición, aparte de la sencillez de una comida. En las comidas de los catalanes, de forma general, siempre está presente; incluso en otras partes del mundo lo incluyen ya en sus cartas, aunque no hagan la receta tradicional, pero de alguna forma se intenta.

También se podría decir que el pan con tomate demuestra que no siempre las comidas grandes o que ocupan más trabajo significan que van a estar más buenas; lo que realmente importa es la autenticidad que tiene cada plato.
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